domingo, 14 de octubre de 2012

¿Carga de profundidad o locura desatada? (ensayo)

Autor: Luis Fernando Arredondo Gómez

 
 
     [El texto que sigue corresponde a parte del cuerpo de mi tesis de grado, cuyo texto inicial finalicé en abril de 1997, en Envigado (Antioquia). Sin embargo, incluso antes de esta publicación he tratado de aclarar algunas de sus partes más oscuras o mejorar su redacción.

     Recientemente leyendo el texto El Hombre mediocre de José Ingenieros, encontré que este sabio y erudito argentino se quejó también de muchas de las acepciones contenidas en los diccionarios y utilizadas en el ámbito científico, "confusión" que muchos excusan con el concepto de Polisemia (nota de septiembre 9 de 2016).]


Mediados de 1997

Capitulo 3. Sobre los Conceptos y demás

 

     Inicialmente considerado mi desplazamiento hacia este asunto como un natural discurrir del discurso, me encuentro con que en el momento de abordarlo la naturalidad se ha hecho forzada, pues hablar de los conceptos, tema de profundo y problemático análisis filosófico, es mucho más que “dejarse llevar”. Sin embargo, ya veremos que resulta.

     En mi manejo personal del término concepto lo he considerado sinónimo de significado, de definición, de juicio racional; lo he considerado el consecuente de un antecedente, una construcción lógica que habla de forma clara y precisa a la razón y que distingue de igual forma los objetos. Sin haber entrado a examinar las bondades y las flaquezas de este manejo me dirijo a un diccionario que dice: “Concepto. m. Idea que concibe o forma el entendimiento: el concepto del espacio. / Razón, motivo (...)/ Cada una de las partes de una cuenta (...).”



      En este significado me encuentro con varias cosas que me inquietan:

1. Que el concepto pueda ser una idea, pues considero que aquél excede en complejidad y concreción a ésta.

2. Que dentro de un mismo significado se encuentren palabras con connotaciones tan diversas como idea, opinión, razón y parte. Así, si hago una comparación en la que utilizo como referente la dificultad para que se originen, infiero que ésta es mayor en  la razón por cuanto debe poseer una estructura lógica basada en la “realidad”, es decir, surge de una relación más ardua con la experiencia; mientras en la opinión la estructura lógica está determinada por la subjetividad. A la idea la considero como la mínima unidad de representación mental.

     Si me baso en la ambigüedad de la manifestación, infiero que es menor en la razón que en la opinión y en ésta que en la idea por las razones ya anotadas.

     Si me baso en la rigurosidad con respecto a la verdad, infiero que esta es mayor en la razón por cuanto es el efecto necesario de una causa, pues prima su carácter objetivo; mientras en la opinión y en la idea prima el carácter subjetivo que hace que no sean el efecto necesario de una causa.

     Si me baso en el carácter comunicativo, infiero que la razón y la opinión existen como parte de un proceso comunicativo -interpersonal- .  La idea antes que comunicativa resulta del ejercicio del deseo informativo del sujeto, constituyéndose en un reflejo subjetivo del Mundo Real.

     Si me baso en la posibilidad de conocer su estructura, infiero que esta tarea es más fácil de llevar a cabo en la razón por su extremo carácter racional, menos fácil en la opinión por los elementos subjetivos que en ella intervienen, y mucho más complejo en la idea por lo oscuro del proceso neurológico del que surge. Sobra tal vez decir que este referente se basa en la diversidad de estructura que presentan cada uno de dichos fenómenos.

     Entre las muchas cosas que se podrían recriminar a este análisis se encuentra el hecho de que no me referí al significado "parte", pero es evidente que éste como indicativo de cantidad es difícilmente comparable con los otros tres que son manifestaciones generales de la actividad síquica. Sin embargo, encuentro estas relaciones:

1. Todos estos significados son producto de la interrelación entre mente y realidad.

2. Todos éstos expresan parcialidad: la parte nunca llegará a ser el todo así como tampoco la idea, la opinión y la razón llegan a expresar cabalmente la realidad.

 
 

3. Que la idea a la que se refiere la primera acepción sea calificada, puesto que es de aquéllas a las que “concibe o forma el entendimiento”, lo que podría dar a entender que las ideas se dividen en clases e incluso algunas no son concebidas o formadas por el entendimiento, lo cual me parece descabellado. Sin saber qué concepción pueda tener la filosofía sobre las ideas examino el diccionario citado:


     “Idea. F. Representación mental de una cosa real o imaginaria (...) / Modo de ver (...) / Intención (...) / Impresión, creencia (...) / Opinión (...) / Conocimiento (...) / Inspiración literario o artística (...) / Primera concepción (...) / Imagen, recuerdo (...)/ Fam. Manía, imaginación extravagante (...)”
   

     ¿Acaso aquellos fenómenos que son asimilados con las ideas pueden darme algunas indicaciones sobre éstas? Considero que sí. ¿Qué indicación general me dan? Con su división interna me permiten vislumbrar aquélla de la que son objeto las ideas:

     Si utilizo como referente el momento de su perfeccionamiento, encuentro que de las doce acepciones del anterior significado sólo cuatro se refieren a fenómenos que no ocurren indefectiblemente en un único instante -de sopetón-: la tercera (intención), la quinta (opinión), la sexta (conocimiento) y la décima (esquema, exposición superficial). Con lo anterior no niego que la exposición del sujeto ante el estímulo -la realidad- en los demás casos haya podido ser prolongada, simplemente que sus efectos se dan con plenitud desde que aquélla tuvo lugar. No es descartable de otro lado que una opinión y una exposición superficial puedan surgir repentinamente.
 
     Si me baso en la intervención del entendimiento infiero que sólo en dos de las acepciones se presenta con certeza este proceso: en la intención y en el conocimiento. Es probable que tenga lugar en la creencia, la opinión, la primera concepción, el esquema y la representación. Y es dudoso que sea necesaria en fenómenos aparentemente tan mecánicos como el modo de ver, la impresión, la inspiración, la imagen, el recuerdo, la aptitud, la manía y la imaginación extravagante. ¿Dónde queda entonces mi sorpresa inicial?  ¿Quedará acaso en los límites de la ignorancia? Es probable. Sin embargo, podría ser también pecaminoso descartar que en los últimos fenómenos señalados se presente un mínimo grado de entendimiento. Según esto, ¿qué idea podría no surgir del entendimiento? Ninguna...por lo tanto el problema continúa.
 
     Es interesante, de otro lado, analizar la relación que existente entre idea y conocimiento; conforme al diccionario, el significado de la primera incluye al segundo. ¿Qué implica esto? No lo sé, pero tengo la necesidad de indagar esta definición:


     Significado, da. Adj. Conocido, importante, reputado: hombre significado. / M. Sentido : el significado de un término” 


      La parte que me interesa es la de significado como sustantivo, es decir, sentido, la cual implica un nuevo embrollo. Siempre había escuchado expresiones similares a la siguiente: “los objetos X y Y se desplazan con iguales  dirección y sentido.” Por ende entendía que debía existir una diferencia entre ambos conceptos.

     Pensando muy a la ligera el asunto distinguí: si bien en ambos fenómenos una cosa cualquiera realiza un recorrido entre dos puntos: A, punto de partida, y B, punto de llegada, el quid del asunto en el sentido es el punto A, mientras en la dirección es el punto B.

     Si en la dirección lo determinante es el receptor y su propósito se cumple cuando se arriba a dicho punto, en el sentido lo determinante es el contenido del objeto y su propósito se cumple cuando la emisión surgió sin contratiempos.

      En  síntesis, cuando se señala que “los objetos X y Y llevan iguales dirección y sentido”, se esta indicando que hacen el mismo recorrido y llegaran a igual destino (dirección); además llevan un mismo contenido, significado o intención (sentido)En todo sentido hay desplazamiento porque se constituye con relación a otro. Así, en un afiche irónico el sentido está contenido en la idea (que a su vez lo está en aquél) que se dirige al público -que existe con relación a éste- y no en el afiche. El  sentido implícito es aquél que se pretende  ocultar de algunas personas, pero no de todas.




    Sólo tendría sentido entonces utilizar conjuntamente dichos términos en aquellos fenómenos en que tanto el objeto como el receptor o destinatario son de vital importancia, tal como en los comunicativos e informativos. En casos como estos existe una interrelación entre sentido y dirección, una interdependencia.


El término sentido se encuentra definido, en la parte que es pertinente a este estudio así:
 
“Sentido,da. (...) M. (...) Entendimiento, razón: un hombre sin sentido. / Conocimiento, discernimiento: tiene un sentido muy agudo. / Modo de entender algo: tiene un sentido peculiar del deber. /  Conocimiento: perdió el sentido al recibir el golpe./  Significado: el sentido de un giro de la lengua./  Interpretación: no has comprendido el sentido de la moraleja./  Finalidad, objeto: tu gestión no tiene sentido./  Capacidad o aptitud para algo: tener sentido del equilibrio, de la orientación; sentido del humor. / Dirección: van los dos en sentido opuesto. (...)”  


     De la primera acepción se entendería que un hombre con sentido poseería entendimiento o razón como capacidades generales. También se observa que en las demás acepciones se plantean una gran cantidad de generalidades. Siendo honesto, se tiene la sensación de que en ello se perdería la significación de sentido; incluso las acepciones vistas me remiten a la definición de idea.
 
     Es decepcinante percibir que en este remitirse de una palabra a otra no se termina más que en un callejón sin salidad. Nunca antes como en esta ocasión me había detenido ni aún someramente a examinar el significado que me ofrecen los diccionarios; mi visión del lenguaje no es sino esto: una visión; mi respeto hacia él se ha hecho añicos, pero También lo dudo.

     Si vuelvo atrás hasta el esbozo que hice sobre el contenido o los sinónimos del concepto encuentro que, en términos generales, aquél no fue rebatido por el precario análisis posterior; pero lo que sí ocurrió fue que me clarifiqué a mí mismo que por muy racional que pueda ser, un concepto no es nunca una “realidad acabada”. 

     Tal vez sea esa “aparente imperfección” del concepto la que lo hace perfecto, como así mismo “lo es” el mundo con su constante lucha entre opuestos: donde no existe contradicción no hay movimiento (mas donde éste existe no hay perfección).

     Si este corto análisis de los conceptos y demás me ha dispensado de seguir andando de rodillas sobre el sendero académico, ningún temor he de tener para decir lo siguiente: a pesar de que afirmé que entre las acepciones que conforman un significado existen relaciones de sinonimia, las cuales, como se sabe, no presentan igualdades sino semejanzas, no entiendo por qué son de común conocimiento y aceptación las grandes relaciones contradictorias que se presentan entre esas acepciones. 

     Así, encuentro profundamente descontextualizado que el concepto de idea sea considerado sinónimo del de conocimiento, a menos que consideremos posible la existencia del  “conocimiento parcial”. Yo antes que admitir la existencia de éste hablaría del conocimiento de la parte x del objeto Y, o de un principio de conocimiento del objeto Y, pero nunca de un “conocimiento parcial -superficial-“ del objeyo Y.
 
     Era un prejuicio de sobrestimación el que sentía por los “guardianes” de la Lengua  -los redactores de diccionarios-; tal vez el siguiente sea un nuevo prejuicio: dichos señores se encargan de compendiar los usos de la lengua que hacen las masas, por más absurdos que sean, Esta es la causa de mi decepción.


 

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